La Productividad en Iberonamérica

En la primera década del siglo XXI, la región de América Latina experimentó un período de fuerte crecimiento económico, de reducción de su deuda, de aumento espectacular de sus reservas internacionales, de reducción en más de 10 puntos de la pobreza, y del inicio de la disminución de la desigualdad. Detrás de estos logros, se encuentran dos grandes puntales. Por un lado, la madurez de reformas que fueron iniciadas en la década de los 90, que, mejoraron sustancialmente el manejo de la macroeconomía como el control de la inflación, el respeto por el equilibrio de las cuentas públicas, las políticas monetarias prudentes en manos de Bancos Centrales independientes, la flexibilidad cambiaria, o la apertura de los mercados al comercio internacional. Por otro lado, a esas reformas se agregó el fuerte mejoramiento de los términos del intercambio, como consecuencia del ingreso al mercado internacional de la demanda china, por las materias primas abundantes que produce la región y por las cuales los países asiáticos en vigoroso crecimiento tienen un gran apetito. Sin embargo, la productividad y competitividad continúan rezagadas.

El Informe Global de Competitividad del World Economic Fórum de 2013-2014 señala que a pesar del robusto crecimiento económico de los últimos años, América Latina sigue contando con bajas tasas de productividad. El Índice de Competitividad Global que en definitiva son los elementos que configuran la productividad indica un estancamiento generalizado de la competitividad en la región. Chile (34) sigue a la cabeza de la clasificación regional, aventajando a Panamá (40), Costa Rica (54) y México (55), que se mantienen relativamente estables. Brasil pierde ocho puestos (56). España se sitúa en el puesto 35 en el ranking de competitividad mundial, inmediatamente después que Chile, . Portugal obtuvo en el mismo Ranking el lugar 51 y viene perdiendo competitividad relativa desde el año 2008, año en que ocupaba el puesto 40.

La continuación del crecimiento en la próxima década exige, en América Latina y la Península Ibérica, requiere de un incremento continuado de la productividad, lo que le permitirá mejorar al mismo tiempo la distribución de la renta, generando así un círculo virtuoso entre crecimiento y equidad. Un impulso al crecimiento en un mundo globalizado no es posible sin exigir aumentos continuados de productividad y competitividad. Por otro, la mayor productividad implica mayores salarios y, si parte de los aumentos de productividad se distribuyen adecuadamente, la competitividad y el empleo mejorarán con el consiguiente impacto positivo sobre la distribución de la renta. Convertir esta posibilidad en un hecho exige que los gobiernos, los empresarios y la población en su conjunto se empeñen en ello, desde el reconocimiento de que el espacio Iberoamericano necesita más inversión, mejor tecnología y más flexibilidad.
 

Productividad y Distribución

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